Antecedentes históricos
La doctrina catastrofista apareció como un paradigma necesario para que la formación del universo encajase en ese lapso de tiempo.[1
]
«Que la Tierra había sufrido grandes y extraordinarios cambios durante su oscuro pasado era claramente evidente para cualquier ojo inquisitivo; pero concentrar esos cambios en unos pocos y breves milenios precisaba una filosofía hecha a medida, una filosofía cuya base era el cambio súbito y violento.»Uno de los defensores de esta teoría fue Georges Cuvier, que explicó que los cambios geológicos y biológicos producidos en nuestro planeta se debían no a cambios graduales, sino a cambios repentinos y violentos, las catástrofes que dan nombre a la teoría. Además Cuvier daba base científica a las teorías fijistas y creacionistas.
Cuvier propuso que los fósiles eran el resultado de la extinción de animales creados por Yaveh (Dios) en las catástrofes bíblicas o producto de sucesivas creaciones. Así, por ejemplo, un animal que no hubiera entrado en el arca de Noé, nos dejaría ese vestigio de su existencia. Posteriormente aparecerían de nuevo otras especies totalmente diferentes a las extintas. A raíz de esta teoría se estableció la Teoría de las creaciones sucesivas.
En 1788 James Hutton publicó su Teoría sobre la Tierra donde establece el principio del uniformismo o actualismo:[2]
«Las leyes físicas, químicas y biológicas que actúan hoy, lo han hecho también en el pasado geológico.»Este nuevo paradigma sustituyó al catastrofismo, de tal forma, que desde entonces es considerado el año 1788 como el nacimiento de la geología moderna.
El uniformismo requiere una cronología de mayor extensión, llegándose al concepto de tiempo profundo o geológico.
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